Según los reportes policiales, la red captaba personas en situación vulnerable, especialmente inmigrantes y refugiados, utilizando sus identidades para abrir cuentas bancarias y establecer empresas de fachada, a través de las cuales se blanqueaban fondos obtenidos de manera ilegal.
Las investigaciones revelaron que estos fondos provenían del contrabando de cigarrillos electrónicos, vendidos en diversas tabaquerías del país. Después de múltiples transferencias entre empresas ficticias, los recursos se convertían en criptoactivos, según informó la Policía Federal.
Parte del dinero se destinaba a la compra de boletos aéreos para los reclutados en Brasil, quienes eran enviados al extranjero para contactarse con representantes de Hezbollah. Otra porción de los fondos se utilizaba para esquemas de evasión fiscal y lavado de dinero.
Esta operación es una continuación de la primera fase de la Operación Trapiche, llevada a cabo en noviembre de 2023, cuando las autoridades brasileñas desarticularon un complot contra objetivos judíos en Brasil, incluyendo dos sinagogas en Brasilia. En esa oportunidad, con el apoyo del Mossad, se arrestó a dos extranjeros vinculados a Hezbollah: el sirio Mohamed Mhir Abdulmajid y el libanés Haissam Houssim Diab.
El experto Emanuele Ottolenghi, de la Foundation for Defense of Democracy de EE.UU., señala que Diab estaba conectado con traficantes de drogas y cambistas, figuras clave en las operaciones de lavado de dinero de Hezbollah. Abdulmajid, quien combatió en la guerra civil siria, se involucró posteriormente en actividades radicales en Brasil, asociándose con redes ligadas a Hezbollah y el régimen iraní.
Ottolenghi advierte que las redes de Hezbollah en la región permanecen activas, y que el complot frustrado en 2023 subraya la constante amenaza que representa el grupo, así como los desafíos que enfrenta la lucha contra sus diversas operaciones.
La Triple Frontera ha sido señalada como una región clave para el financiamiento del terrorismo, debido a la presencia de estas redes.
Hezbollah, fundado en la década de 1980 durante la guerra civil del Líbano, nació como un brazo del régimen iraní, y con el tiempo ha expandido su influencia y acciones terroristas en todo el mundo, incluyendo Europa, Asia, África y América Latina. El grupo fue responsable de los atentados contra la Embajada de Israel en Buenos Aires en 1992 y la AMIA en 1994, acciones que siguen impunes hasta la fecha.
En 2019, Argentina y Paraguay reconocieron oficialmente a Hezbollah como una organización terrorista, y tomaron medidas para congelar sus activos. Sin embargo, Brasil aún no ha dado este paso, a pesar de que estuvo en la agenda del expresidente Jair Bolsonaro.
Fuente y créditos
Antilavado de Dinero







