El cargamento fue descubierto en el desierto limeño dentro de un camión GMC Super Brigadier, cuyas placas eran ecuatorianas y arrastraba una carreta de origen colombiano. La droga estaba oculta en compartimentos adaptados desde la fabricación del vehículo para camuflar la carga sin alterar su apariencia.
Los agentes antidrogas utilizaron equipos especializados, incluyendo cámaras y herramientas de corte, para localizar los espacios ocultos, donde hallaron los paquetes embalados con cinta negra. Según fuentes policiales, la droga era de alta pureza, un factor que incrementa su valor en el comercio ilícito.
La investigación avanzó gracias a audios interceptados que revelaron la logística detrás del transporte. En las grabaciones, uno de los involucrados, identificado como Jonathan Rosero Paspuel, conocido como “El Transportador”, coordinaba el traslado de la droga utilizando términos cifrados y gestionando permisos de transporte. Rosero fue señalado como un operador clave en la red criminal, que incluía al grupo conocido como “Los Choneros”, responsables de la logística transnacional.
Los audios también evidenciaron el uso de sobornos para sortear controles fronterizos. En una de las conversaciones, Rosero admitió haber pagado a un oficial de aduanas para garantizar el paso del camión hacia Perú.
El operativo, que culminó tras semanas de seguimiento, desmanteló una estructura criminal que utilizaba rutas terrestres en Sudamérica para el tráfico de drogas. La incautación no solo representó un golpe a la organización, sino que también permitió la identificación de varios de sus integrantes. Sin embargo, las autoridades advierten que este caso refleja la sofisticación de las redes de tráfico y la persistente vulnerabilidad de las rutas terrestres en la región.
Fuente y créditos
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